martes, 6 de abril de 2010

CARACTERÍSTICAS DEL ACEHUCHEÑO COMO DIALECTO


NICOLÁS VALLE MOREA  es el autor de éste estudio.

Ficha de la variante lingüística de Acehúche
Algunos hablantes, muy pocos, se refieren a ella como aceucheñu.


Adscripción: según el Institute of Linguistics, habría que subordinarla al Artu Ehtremeñu, sub-variante específica del leonés oriental, variante, asimismo, del astur-leonés. Dicha adscripción para la lengua hablada en el noroeste de Cáceres es compartida por Menéndez-Pidal y también por Alvar, Alarcos y Viudas Camarasa, aunque estos últimos opinan que la lengua tiene personalidad propia definida para otorgarle el rango de dialecto, ya que posee un sistema fonético y sintáctico propios. La lengua de Acehúche es la misma, con modismos locales, que se habla en los pueblos de las comarcas de Alcántara, Coria, Sierra de Gata y las Hurdes, coincidiendo con la zona de la actual provincia de Cáceres que estuvo bajo dominio del Reino de León. El origen del astur-leonés y de todas sus variantes (bable, mirandés, alto extremeño) se remonta al período en que, en una zona mucho más vasta que la actual, incluyendo León y Asturias, se comenzó a constituir un conjunto de hablas romances con muchos trazos comunes entre sí y que se distinguían de otras lenguas romances en formación: galaico-portugés, por un lado, y castellano por otro. A ese conjunto romance con una tradición lingüística se le denominó leonés y, más recientemente, astur-leonés, más conforme con su antigua extensión histórica y geográfica. Todas esas variedades afrontaron muchos siglos sin apoyo de una escritura específica, dado que en el tiempo de su pujanza, los escribanos utilizaban exclusivamente el latín.
Pasada esa época, sólo las lenguas que se correspondían con un poder fuerte y centralizado cultivaron escrituras románicas y acabaron por establecer normas con tendencia unificadora. A pesar de eso es posible encontrar documentos antiguos en esta lengua. La manifiesta pérdida de influencia del primer reino cristiano de la península, que se vio políticamente absorbido por Castilla con carácter definitivo en 1226, hizo que el astur-leonés fuese asimilado por el castellano y perdiese sus posibilidades de expansión lingüística, que tuvieron como límite las comarcas occidentales de la actual Extremadura, desde las Hurdes hasta Valencia de Alcántara, aunque militarmente la conquista del reino de León llegó al sur de la provincia de Badajoz.
Por su aislamiento, la variedad leonesa de los repobladores de la Orden de Alcántara y los señoríos del occidente cacereño se conservó hasta bien entrado este siglo de forma bien diferenciada y numerosamente empleada por el pueblo llano. Desde el punto de vista social, por lo que respecta al propio reconocimiento lingüístico, la variedad septentrional del extremeño se ha visto diluida por la voluntad política del gobierno autonómico de realzar aquellos aspectos aglutinantes de las tradiciones sociales y culturales de los pueblos de Extremadura y rechazar o, como mínimo, obviar aquellos considerados –de forma errónea- disgregadores. A excepción de la fala de la comarca de Valverde del Fresno, se quiere entender como una misma variante todas las formas de hablar que existen en la región. Así, es fácil encontrar hablantes en el norte de Cáceres que se refieran a su lengua como castúo, apelativo relacionado con el bajo extremeño, muy influido por el castellano y los dialectos meridionales de la península.
Número de hablantes: el censo de 1999 atribuye a Acehúche una población de 966 habitantes, la mayoría de los cuales son competentes en el uso del dialecto en mayor o menor grado. Hay que sumar unos 1.500 emigrantes de primera generación residentes en la provincia de Cáceres, Cataluña, País Vasco y en algunas ciudades de la Unión Europea.
Uso: situación de diglosia total y regresión acelerada. Su uso se limita al ámbito familiar y de relación social. En las manifestaciones culturales, aunque éstas sean de raigambre popular, se emplea el castellano: loa de San Sebastián, representaciones de Semana Santa, discurso de los Reyes Magos, etc. La única publicación en la historia del pueblo (La Chanclona, 1985-1990) estuvo escrita en castellano común. Las clases en la escuela son impartidas en castellano y en el mismo idioma están escritas todas las comunicaciones oficiales del gobierno municipal con sus ciudadanos. Los hablantes más competentes tienen más de cincuenta años y se constata una pérdida del vocabulario peculiar entre las nuevas generaciones. Los jóvenes desconocen un alto porcentaje de los términos que emplean sus abuelos, y, si los conocen, no los emplean. Ellos tienden a rechazar la variedad lingüística y aceptan de buen grado el castellano de los medios de comunicación de masas. El acehucheño, sin embargo, posee conciencia de hablar una variante diferenciada y común a su comarca, aunque entienda que ésta no sea más que un "mal castellano", una variante que reprimirá en la capital o fuera de la provincia, pero que empleará en sus desplazamientos a los pueblos vecinos. La pequeña burguesía local abandonó el dialecto primitivamente distinguiéndose de los demás acehucheños por la utilización de la norma castellana con algunas influencias fonéticas específicas. Sorprende la falta de competencia de este sector social por lo que respecta al dialecto (muy vinculado, de hecho, a las labores del campo y la ganadería), que lo interpretan como un castellano corrompido y su vocabulario, un conjunto vulgarismos, que, en realidad no son otra cosa que leonesismos, portuguesismos y vocablos arcaicos.
Grado de autoestima:bajo. La impresión generalizada es que se trata de una lengua "fea". A excepción de las personas mayores, se ejerce entre los ciudadanos una mal entendida autocorrección respecto al castellano de la televisión o al que hablan la segunda generación de emigrantes. La falta de conciencia regional supone un factor determinante: el sentimiento de marginación –justificado, por otra parte- ha ayudado a la automarginación lingüística. Aparece, no obstante, un elemento nuevo que puede cambiar el actual orden de cosas: la conciencia, o como mínimo, la voluntad política de los extremeños de constituirse en diferentes a los otros pueblos de la península.
Normas de transcripción: me decanto por la establecida por Antonio Viudas Camarasa en la segunda edición de su Diccionario Extremeño. (Cáceres, 1988):
- Aspiración a final de palabra: grafía /h/
- Aspiración de la antigua f latina: grafía /h/
- Aspiración consonántica en situación implosiva: grafía /h/
- Resto de las aspiraciones: grafía /h/
- Prescindo de la /h/ muda.
- Prescindo de la /j/ y de la /g/ aspirada castellana delante de -e y -i
- Prescindo de la /v/
- Rehilado de la –y- o –ll-: grafía /y/
Rasgos morfológicos del habla: situada en una encrucijada, la llamada Extremadura leonesa recibe influencias de las variedades y lenguas limítrofes: desde Occidente, portuguesa; desde Levante, castellana; por el norte, legado astur-leonés, y desde el sur, influencia fonética de las variantes andaluzas del castellano. La mezcla de todas ellas es fácilmente representable sobre el mapa en una especie de producto cartesiano, las combinaciones del cual coinciden con las características lingüísticas de los diferentes pueblos de la zona. En Acehúche son distintivos en mayor o menor grado:
Del leonés: Cierre sistemático de la –o átona en final de palabra en -u. Perru, cochinu, pusun, etc.
Cierre sistemático de la -e átona en final de palabra en -i. Airi, pairi, bincih, Perih
Epéntesis o inserción de la vocal –i- en la sílaba final –za y -zo: grancia, baciu, etc.
Conservación del grupo latino –mb-: lambel, lombah, dambuh, etc.
Aspiración de la antigua –f- latina: buhu, hacina, heol, hesa, etc.
Aspiración de la jota castellana: nabaha, trabahu, Huan, etc.
Diminutivo -in, -inu, -ina: carterina, moquerinu, Pedrín, etc.
Anteposición del artículo ante el posesivo: El mi muchachinu, la su conciencia, etc. Se considera herencia del leonés oriental.
Transformación del grupo –sc- en –z- en la primera persona de los verbos latinos incoativos: creza, ohcureza, etc.
Extensión vocálica de la –z al final de palabra: haci, coci, hoci, etc.
Transformación del grupo –pl- en –pr-: plau, etc.
Del portugués:
Transformación del grupo consonántico –dr- en –ir-: lairal, comairi, lairón, piera, cuaira, etc.
De los dialectos meridionales del castellano:
Uso dubitativo de la –ll- y la –y- con tendencia al rehilado: alcayona[y], poyata[3], pollu [l], etc.
Neutralización de la oposición l-r en posición implosiva, a final de sílaba, en favor de la -l: merendiyal, peol, muhel, etc.
Aspiración de la –s-, -z-, -x- -c- -ns- y –d- en situación implosiva: bohta, cabrehtu, abihpa, sehta, ahmitil, trahformal, etc.
Aspiración de la –s y de la –z al final de palabra: birbih, Juan Gomih, etc.
Forma fuerte de la tercera persona plural en el pretérito indefinido: trahun, pusun, hidun, vinun, dihun, etc.
Influencias arcaicas:
Conservación de las consonantes sonoras del castellano antiguo: hadel, idil, dorrera, bederru, etc.
Pervivencia del antiguo genitivo partitivo latino: una poca de agua, unoh cuantuh de tomatih, etc.
Rasgos etimológicos: destacan los leonesismos, los galaico-portuguesismos, los arcaísmos y, en menor medida, los arabismos y andalucismos.
Arabismos raros en castellano: ahorral, vaciar, quedarse un animal estéril, del árabe hurr, libre; cibiqui, pedazo de pan, del árabe sabiki, trozo de algo.
Del leonés occidental o portugués: carozu, millu, etc.
Del leonés oriental: achiperrih, argalla, bandul, cuadril, galaperu, palral, fínfanu, senara, frehón, lambel
Del galaico-portugués: cheiral, cheiru, afechal, afechaúra, fatu, etc.
Andalucismos: doblau, puñu, etc.
Arcaísmos (algunos son, realmente, unas joyitas lingüísticas que no podemos permitir que desaparezcan): concalecelsi, del latín calescere, enardecer, acalorarse; biciu, del latín vitium, estiércol; bragu, del medieval blaco o blago, y éstos del latín baculum, bastón.
Primera documentación de vocablos dialectales: 1540. "Pleito entre Francisco Montero y Pedro González Borrero, vecinos del Aceúche, por la muerte de un toro". Leemos en la declaración del vecino Juan Alonso:
"Vinyendo éste que depone y su suegro, Francisco Montero, y su cuñado, el estudiante, con el dicho toro y con otras siete resses vacunas, trayéndolas al corral de concejo para enchocallar una de ellas, hallaron allí a Pedro González Borrero, mayordomo del concejo, e Alonso Sánchez e Alonso Mateos y Sevastián Sánchez. Y en llegando allí dixo el dicho Pedro González, mayordomo, que sy las quería meter en el corral aquellas reses. Este que depone dixo que sí y en esto llegó el dicho Juan Montero, su suegro, que avya venydo al lugar por un canpanyllo suyo".
Ambos términos señalados todavía se utilizan en Acehúche. Campanillu es el cencerro de cobre que cuelga de las vacas y toros. Enchocayal es poner el cencerro a las reses. Este vocablo proviene del leonés chocallu, cencerro, palabra que no me consta que perviva en Acehúche. La Real Academia constata el sustantivo pero no el verbo, que aún forma parte de nuestra habla.

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